jueves, 24 de abril de 2008

Puyo





Menú del día

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El corazón golpea fuerte al saberse cerca de la selva. Veo nuevamente el verde diverso y ondulante; el horizonte, lejano, inexpugnable. Salto del camión en pleno centro de Puyo.
¿Una ciudad más? ¿Cuánto hay de extraño, cuánto de familiar?
Encuentro alojamiento en un colegio, finalmente un monoambiente! Las arañas se pasean con total soltura a mi alrededor pero puedo desplegarme con comodidad. Por la ventana, veo la ruta a lo lejos, veo verde. He notado que el horizonte para mí es fundamental...
Qué mejor contexto que una habitación en un colegio de monjas para leer "Del amor y otros demonios" de García Márquez!
A eso de las tres de la mañana, la lluvia cae tan estrepitosa sobre el techo de chapa que salto fuera del mosquitero temiendo una catástrofe inevitable.
Al día siguiente, me paseo por el centro con un poco de pesadez producto de la soledad y el silencio pero voy zafando de la monotonía urbana, encontrando esa particularidad que identifica, una estatua extraña, un mirador particular. En dos pasos estoy en el río. El sol pega fuerte ahora, no puedo contenerme, chapuzón en este río idílico. Estoy nadando en una postal! Caen Sheila, Mishell y Siboney con esa locura tan de los ocho y nos comemos el dulce de guayaba de Baños.
Otra camioneta me catapulta nuevamente al centro. Hablo con la gente...muchos quieren irse del país, preguntan por papeles, posibilidades...triste realidad.
Ahora la misión es conseguir agua para unos matecitos. Me encanta como el mate genera la extrañeza en el otro que es extraño para mí.


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