lunes, 2 de junio de 2008

Torrentismo






Pasé en Villa de Leyva como diez días! La verdad que las cosas se fueron sucediendo de forma tan mágica como sólo puede ser en Colombia. Por momentos froto mis ojos y me pregunto si todo ésto es real, fue real...
Leyva tenía un magnetismo especial... Algunos días sólo me dejaba perder en las callecitas de tosco empedrado, haciendo equilibrio de piedra en piedra y me sentaba en una placita a tomar mate, leer y escribir, disfrutando de unos rollos de pan exquisitos, adictivos! El lugar me traía tantas pero tantas reminiscencias al sur, a mi querida Patagonia.... sólo faltaba el aroma frutal en el aire. El primer hospedaje en el que me quedé parecía la celda de un monje de clausura. Un cristo chorreando sangre en mi cabeza, paredes de adobe blanco y un ventanuco allá arriba; un arroyo turbulento pasaba por debajo generando un ruido sumamente sedante. Allí conocí a Diego y Oscar, guías de aventura y nos fuimos a caminar por un arroyo de la sierra que está delante del pueblo, un viaje de colores...ya saben...
Con la camioneta de Mario nos fuimos a dar una vuelta al Páramo del Rabanal. Allí entre las más verdes colinas asomaban la oscuras bocas de las minas de carbón, sus chimeneas de ladrillo, sus hornos humeantes. Decí que no pudimos parar porque sino me quedaba sacando fotos y fotos por semanas. La escuelita de los chicos del páramo estaba ahí entre las minas y el humo, sin atenuante alguno.
Otro día los chicos me invitaron a hacer torrentismo -rappel- por la cascada de la Periquera... El lugar era imponente y la bajada divertida pero fugaz. Caía la noche en la cascada, los chicos luego de bajar infinitas veces con clientes temblaban de frío con total naturalidad. Cuando íbamos a desarmar los anclajes de las cuerdas en medio de la oscuridad....ziiiiiip se-me-escapa-una-cuerda. Se la traga la oscuridad de la cascada. Ay! no lo podía creer! Las cuerdas son tan caras, además la herramienta de trabajo de los chicos...uuy Al día siguiente volvimos. Miré por todos lados...nada. Lo único que quedaba era bucear en un torbellino que se formaba allá abajo. El agua estaba tan fría y la fuerza de la corriente demasiado intimidante. Desazón. Finalmente, en las últimas horas del día Oscar tomó coraje, buceó y la encontró!!! Qué alegría, me sentía tan responsable!
Luego me mudé a lo de Martica, una señora que siempre te recibía con un abrazo fuerte y profundo. La cordialidad con que me han tratado me ha enseñado mucho de generosidad y cariño. No veo la hora de poder recibir a la gente de la misma forma! La casita tenía un zaguán donde trabajaba Mateo, un artista plástico, luego un patiecito cuadrado con las piezas alrededor, una estrecha cocinita y en el fondo un especie de quincho con sillones y una gran mesa de madera. Botellas colgando, adornitos, piedras, dos gatitos negros y una perra. A Martica le encantaba bailar así que había música por toda la casa, 24 horas al día, qué lindo despertarse así!
Y allí conocí a un montón de gente! Uno de esos días nos fuimos a la mansión del tío ricachón de Mateo- tenía una balconada a la montaña que te dejaba sin aliento. La noche comenzó con unos ricos vinos tintos charlando bajo las estrellas pero luego la magia se fue perdiendo. El chabón, contrabandista de piedras preciosas no hacía más que jactarse de sus obras de arte, numerosos viajes y conexiones. Por un momento fue divertido sumergirse en mundos tan distintos, historias tan fascinantes... hasta que empezaron a mostrar su hilacha... desagradables, racistas y fachos... se creían parte de la elite colombiana... sin duda no eran el tipo de personas con las que quería estar.
Igualmente, observen la situación, los personajes: un par de contrabandistas de piedras preciosas con sus fincas y propiedades, consumidores de arte; un pintor racista y mediocre aficionado al buceo y la pesca con arpón en el Caribe; una mina, descendiente de iraníes con su restaurant de comida árabe y que había sido croupier en Las Vegas; un loco lindo que sólo tenía su camioneta para alquilar pero tantas historias que contar... como perdió los campos de palma de su padre, cuando voló en helicóptero, o sus viajes por tantos lugares....Todo escritor o guionista debería venir a Colombia...Es un viaje excitante sin lugar a dudas y no me alcanza el tiempo para expresar todo lo que sigue pasando sin poderme detener.

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